Una variedad de aceituna para cada comida

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Sabemos que el aceite es la más noble de las grasas. Es a la vez alimento, bálsamo, cosmético, medicina e incluso combustible, y diferentes culturas y religiones han tomado su símbolo de la hoja del olivo. En Egipto, Creta y Persia (actual Irán) se han encontrado los fósiles de olivar más antiguos y, en la actualidad, el 97 % de la producción mundial se concentra en la cuenca del Mediterráneo.

Aunque provienen de la misma familia, de cada aceituna se consigue un aceite característico. El terreno, la climatología, el modo de recogida o el tratamiento, como en los vinos, también intervienen en el resultado final.

Resultaría imposible clasificar de manera breve las 262 variedades de aceituna que existen en nuestro territorio, pero sí podemos seleccionar las más importantes e intentar dar unas pequeñas recomendaciones sobre cómo tomarlas. En la gastronomía, el aceite se toma como aliño o como ingrediente, en crudo o cocinado, para freír o para plancha. Cada una de las recetas contará con un aceite adecuado.

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Para comenzar con esta suerte de cata virtual, habrá primero que reconocer las diferencias entre unos y otros aceites. Una manera de iniciarse es mojar pequeños trozos de pan –lo más neutro posible, de tipo hogaza, por ejemplo– en platos con aceite y descubrir así que difieren mucho los frutados de los amargos o picantes. Según los aromas y sabores de este oro líquido habrá que seleccionar entonces sus usos.

Sobre una rebanada de pan, los picual, picudo y hojiblanca serían perfectos. Son muy potentes y así se descubrirán todos sus sabores. Para el pa amb tomàquet catalán, sin embargo, el recomendado sería un arbequina. No es casual que los tres primeros se produzcan masivamente en Andalucia y que el arbequina provenga de Lleida; las tradiciones, también las culinarias, son siempre fruto de la experimentación.

Los gazpachos tradicionales, y en general el tomate, mejorarán con una cornicabra toledana, muy aromática y con mucha personalidad. Los picuales, con aromas frutados a higuera, son perfectos para los salmorejos, mientras que el arbequina sería el indicado para el ajoblanco. Si a esta receta le añadimos uvas, sería muy interesante probar también con un chorrito de verdial de Vélez-Málaga, moderadamente afrutado, muy picante y con sabores a almendra, tomate y frutas con pepita.

Gazpacho

Las ensaladas simples, solo con vegetales, tienen también como aderezo recomendado la variedad de aceite español que más se vende en el extranjero: la arbequina. Si cuenta con más ingredientes, como foie o ahumados, mejor usar un cornicabra, algo menos potente que no enmascarará los sabores de los ingredientes.

La empeltre, típica de Aragón, es suave, dulce, muy aromática y delicada y con apenas amargor ni picor. Esta sería, junto a la Manzanilla Cacereña –herbácea, algo amarga y con recuerdos a plátanos–, la ideal para los platos con huevo. Si la receta además incluye setas, será mejor optar por una cornicabra. Si, por el contrario, el ingrediente principal es algo más suave, como pueden ser los espárragos o los ajetes, se recomienda una picual, muy reconocible por su tonalidad verdosa.

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